Las grandes dificultades en PA son aquellas con las que se tropieza en el manejo de la trasferencia.
Por ejemplo cuando una paciente se enamorada del analista.
Si medico y paciente se alejan tras esta situación, la cura es resignada.
El estado de la paciente hace necesario un segundo intento de análisis con otro medico y probablemente también se enamora de el interrumpiendo de nuevo el tratamiento.
El medico debe discernir que el enamoramiento de la paciente le es impuesta por la situación analítica no lo puede atribuir a las excelencias de su persona por lo cual no debe enorgullecerse de esta conquista.
Para la paciente se presentan dos alternativas:
debe renunciar a todo tratamiento PA
Debe consentir su enamoramiento del medico como destino inevitable.
Lo que debe prevalecer es el interés de la enferma.
El psicoanalista es fundamental para ciertos logros.
Ciertos médicos que practican análisis preparan a sus pacientes mujeres para la aparición de trasferencias amorosas y hasta las exhortan de enamorarse del medico solo para que el análisis marche adelante pero esto me resulta disparatado.
Así se le quita al fenómeno el carácter de lo espontáneo y uno crea obstáculos de difícil remoción.
A primera vista no parece que del enamoramiento en la trasferencia pudiera nacer algo auspicioso para la cura.
La paciente ha perdido toda la inteligencia del tratamiento y todo interés por el, no quiere hablar no oír nada mas que de su amor demandando sea correspondido, ha resignado sus síntomas o los desprecia y hasta se declara sana.
El medico que lo vivencie por primera vez creerá que el tratamiento ha llegado a su fin.
Pero meditando un poco uno luego se orienta y concibe una sospecha.
Cuanto estorbe proseguir la cura puede ser la exteorizacion de una resistencia.
En el surgimiento de esa apasionada demanda de amor la resistencia tiene gran participación.
Desde hacia tiempo uno observo en la paciente signos de una trasferencia tierna así mostraba comprensión ante las explicaciones del análisis y demostraba elevada inteligencia.
Todo esto desapareció.
La enferma ya no intelige nada, parece absorta en su enamoramiento y esta mudanza sobreviene con regularidad en un punto temporal en que fue necesario alentarla a admitir o recordar un fragmento penoso reprimido de su historia.
El enamoramiento existiría desde mucho antes pero ahora la resistencia empieza a servirse de el para inhibir la prosecución de la cura, apartar del trabajo todo interés y sumir al medico en un penoso desconcierto.
Si se mira mejor se puede discernir en la situación el influjo de motivos que la complican, en parte derivan del enamoramiento, en otra parte son exteorizaciones de la resistencia.
De la primer índole es el afán de la paciente por asegurarse de que es irresistible, por romper la autoridad del medico rebajándolo a al condición de amado y por todo cuanto pueda resultar atractivo como ganancia colateral de la satisfacción amorosa.
Respecto de la resistencia, en ocasiones aprovecharan la declaración de amor como medio para poner aprueba al riguroso analista.
Uno tiene la impresión de que la resistencia acrecienta el enamoramiento y exagera la buena disposición a la entrega sexual a fin de justificar la acción de represión.
El analista no tiene derecho a aceptar la ternura que se le ofrece ni a responder a ella.
El analista debería conseguir que la paciente abandone su apetencia y prosiga con el trabajo venciendo la parte animal de su yo.
Yo no satisfacer ninguna de estas expectativas.
La primera no porque no escribo APRA la clientela sino para médicos que luchan con serias dificultades.
Sustituyo la imposición moral por miramientos de la técnica analítica.
Respecto de la segunda, sofocar lo pulsional no seria un obrar analítico sino un obrar sin sentido.
Uno habría llamado lo reprimido a conciencia para reprimirlo de nuevo.
Tampoco aconsejo un camino intermedio que consistiría en que uno afirme corresponder los sentimientos de la paciente hasta que se pueda guiar la relación por sendas mas calmas y elevarla a un estadio superior.
El tratamiento se edifica sobre la veracidad.
La técnica analítica impone al medico el mandamiento de denegar a la paciente la satisfacción apetecida.
La cura debe realizarse en la abstinencia.
Hay que dejar subsistir en el enfermo necesita y añoranza como fuerzas pulsionales del trabajo y la alteración y guardarse de apaciguarlas mediante subrogados.
Uno no puede ofrecer otra cosa que subrogados ya que la enferma a consecuencia de su estado y mientras no haya levantado sus represiones será incapaz de lograr una efectiva satisfacción.
Si al analista se le ocurriera corresponder este amor, la paciente alcanzaría su meta pero el analista no alcanzaría la suya ya que es una derrota para la cura.
La relación de amor pone fin a la posibilidad de influir mediante el tratamiento.
Consentir la apetencia amorosa es tan funesto para análisis como sofocarla.
Uno debe guardarse de desviar la trasferencia amorosa, de ahuyentarla o de disgustar de ella a la paciente y con firmeza uno se abstendrá de corresponderle.
Uno retiene la trasferencia de amor pero la trata como algo no real, como situación que se atraviesa en la cura y que debe ser reorientada hacia sus orígenes inconcientes y ayudara a llevar a conciencia los más escondido de la vida amorosa de la enferma para así gobernarlo.
La paciente cuya represión de lo sexual no ha sido cancelada sino solo empujada al trasfondo se sentirá lo bastante segura para traer a la luz todas las condiciones de amor y fantasías de añoranza sexual abriendo camino hacia los fundamentos infantiles de su amor.
Este intentos de mantener el amor de trasferencia sin satisfacerlo fracasara con esa clase de mujeres que no toleran subrogados, que no quieren tomar lo psíquico como material.
Con estas mujeres se esta frente a una oposición: mostrarles correspondencia de amor o bien cargar con su hostilidad.
En ninguno de ambos casos se percibe un interés para la cura.
Es preciso retirarse sin obtener éxito.
En cuanto a enamoradas menos violentas uno les insiste en la inapropiada participación de la resistencia de ese amor.
Un enamoramiento real y efectivo volvería dócil a la paciente y se acrecentaría su buena voluntad para solucionar sus problemas aunque solo fuera porque el hombre amado lo demandara.
Un enamoramiento así podría escoger el camino de completar la cura para cobrar valor frente al medico y preparar la realidad objetiva en que la inclinación amorosa pudiera hallar sitio.
Y en ves de ello la paciente se muestra indócil, no respeta las convicciones del medico produciendo una resistencia en la forma de manifestación de enamoramiento.
Si el no acepta su amor ella podrá sustraerse de la cura por venganza.
Este amor no conlleva rasgos nuevos que brote de la situación presente, se compone de repeticiones y reacciones anteriores incluso infantiles.
La participación de la resistencia en el amor de trasferencia es indiscutible.
La resistencia no ha creado este amor, lo encuentra y se sirve de el exagerando sus exteriorizaciones.
El carácter genuino del fenómeno tampoco es despotenciado por la resistencia.
Este enamoramiento consta de reediciones y repite reacciones infantiles y permite discernir su dependencia del modelo infantil.
No hay derecho a negar el carácter de amor genuino al enamoramiento que sobreviene en tratamiento.
Si parece poco normal esto se explica por la situación de que todo enamoramiento aun fuera de la cura recuerda fenómenos anímicos anormales más que a los normales.
Este enamoramiento es provocado por la situación analítica
Es empujado hacia arriba por la resistencia que gobierna la situación
Carece del miramiento por la realidad objetiva.
Motivos éticos se suman a los técnicos para que el medico se abstenga de consentir el amor de la enferma, siempre debe tener en vista su meta, ella debe aprender a vencer sus satisfacciones inmediatas.
Ella debe ser llevada a través de las épocas primordiales de su desarrollo anímico y adquirir por este camino el plus de libertad anímica en virtud del cual al actividad conciente se diferencia de la inconciente.
El medico no puede extraer de la enferma ventajas personales.
Los legos seguramente se valdrían de estas elucidaciones para mostrar una peligrosidad en este método.
Coaching Ontológico Manejo de stress
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Saludos
Gerardo
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